El puerto de Tarragona acelera para convertirse en nodo estratégico del Nordeste peninsular 

El presidente de la Autoridad Portuaria de Tarragona, Santiago J. Castellà, defiende en el Propeller Club de Barcelona un modelo portuario basado en la intermodalidad, las alianzas territoriales y la creación de cadenas de valor 

Por César Martín Brasero – 

11 febrero, 2026 

El hub logístico del Nordeste peninsular se sitúa en el centro del nuevo discurso estratégico del sistema portuario catalán. Así lo defendió el presidente de la Autoridad Portuaria de Tarragona (APT), Santiago J. Castellà, durante su intervención en un nuevo almuerzo-coloquio del Propeller Club Barcelona, celebrado el 10 de febrero. Bajo el título Port Tarragona: motor metropolitano, Castellà expuso una hoja de ruta que trasciende la mera inversión en infraestructuras para situar al puerto como un nodo clave en la articulación económica y logística del Camp de Tarragona y su amplia área de influencia. 

El máximo responsable del enclave fue contundente al señalar que “el 2026 es el año del puerto de Tarragona”. No se trata de una consigna retórica, sino de la culminación de una planificación a largo plazo que empezará a materializarse con proyectos considerados estructurales para la competitividad del puerto. Entre ellos destacan la puesta en marcha de la terminal intermodal de Guadalajara–Marchamalo, la licitación de la nueva terminal marítima de contenedores y carga general en el muelle de Andalusia, el impulso definitivo a la Terminal Intermodal de la Boella y la conexión efectiva con el Corredor Mediterráneo en ancho europeo. 

Castellà enmarcó estos avances en una visión metropolitana que reconoce a Tarragona como la segunda área metropolitana de Catalunya y, a su juicio, como el territorio con mayor potencial de crecimiento económico en los próximos años. “Muchas de estas oportunidades están directamente ligadas a la logística y al desarrollo de infraestructuras estratégicas del puerto”, afirmó, subrayando la reciente firma de un protocolo de colaboración con la Associació per l’Impuls Metropolità del Camp de Tarragona, orientado a atraer inversiones y talento. 

Más allá de las obras, el presidente de la APT insistió en que los puertos atraviesan un proceso de transformación profunda. “Ya no nos definimos únicamente por las infraestructuras que construimos, sino por nuestra capacidad para generar cadenas de valor en el territorio”, explicó. En este sentido, el puerto de Tarragona aspira a convertirse en un catalizador de dinamismo económico y desarrollo social, reforzando su posicionamiento como plataforma logística avanzada y orientada al modelo puerta a puerta que demanda el mercado. 

Asistentes a la intervención del presidente del puerto de Tarragona ante los miembros del Propeller Club 

La llegada del ancho europeo al puerto, combinada con la operatividad de las nuevas terminales ferroviarias y marítimas, abre —según Castellà— un escenario que “cambiará muchas de las lógicas actuales de la logística”. La ubicación estratégica de Tarragona, en la intersección de los corredores Mediterráneo, del Ebro y del Henares, refuerza su atractivo para operadores que buscan eficiencia, fiabilidad y soluciones intermodales competitivas. 

Otro de los ejes centrales del discurso fue la política de alianzas. Durante el coloquio, Castellà defendió la cooperación institucional como herramienta indispensable para consolidar el liderazgo logístico de Cataluña en el contexto europeo y mediterráneo. Un ejemplo significativo es el acuerdo entre los puertos de Barcelona y Tarragona para alternarse la presidencia de Barcelona Catalunya Centre Logístic (BCL), una alianza que responde a la necesidad compartida de impulsar infraestructuras clave como autopistas ferroviarias y terminales intermodales. 

En paralelo, el puerto de Tarragona trabaja en el fortalecimiento de sinergias territoriales dentro de su hinterland natural. El presidente abogó por una visión logística que articule el eje Tarragona–Lleida–Terres de l’Ebre, complementando a un puerto de Barcelona condicionado por la escasez de suelo industrial y logístico. Esta estrategia se extiende también hacia Aragón y el valle del Ebro, configurando lo que Castellà definió como “una gran región logística que conecta la fachada mediterránea con el centro peninsular”. 

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